Por qué el pie diabético requiere vigilancia
La diabetes puede afectar a los nervios y reducir la sensibilidad protectora. Cuando el pie nota menos, una rozadura del calzado, una dureza, una uña clavada, una grieta o una pequeña herida pueden pasar desapercibidas.
Además, si hay problemas de circulación o cicatrización, una lesión que al principio parece leve puede ulcerarse con facilidad y complicarse. Por eso la prevención y la revisión temprana son tan importantes.
Qué se valora en consulta
- Valoración de la sensibilidad protectora y zonas donde el pie puede no notar bien.
- Revisión de piel, uñas, grietas, hongos, durezas, callosidades y puntos de presión.
- Comprobación del calzado y de posibles roces que puedan causar heridas.
- Tratamiento cuidadoso de cualquier elemento que pueda producir una lesión de rápida evolución.
- Consejos de vigilancia diaria para detectar cambios antes de que se compliquen.
Problemas habituales
En el pie diabético preocupan especialmente las durezas en zonas de apoyo, uñas que se clavan, grietas, ampollas, heridas pequeñas, cambios de color o temperatura, infecciones, hongos y cualquier punto de presión repetida.
La idea no es esperar a que duela: si la sensibilidad está reducida, el dolor puede llegar tarde o no aparecer aunque ya exista una lesión.
Cuándo consultar sin esperar
- Herida, ampolla, grieta o rozadura que no mejora.
- Enrojecimiento, calor, hinchazón, supuración, mal olor o cambio de color.
- Dureza dolorosa, uña clavada, sangrado o piel abierta.
- Pérdida de sensibilidad, hormigueo, quemazón o sensación de adormecimiento.
- Fiebre, dolor intenso o zona negra/morada: acudir a atención sanitaria urgente.
